En Belice estamos en una tierra anglosajona, perdida en medio de América Latina. La población de Belice forma un mosaico cultural increíble, donde conviven descendientes de esclavos africanos en las costas, poblaciones hispanohablantes en las fronteras con Guatemala y México, menonitas de habla alemana en el interior, mayas descendientes de las grandes ciudades prehispánicas y descendientes de piratas y colonos británicos.
Al igual que el norte de Guatemala, Belice alberga numerosos sitios mayas en plena jungla, a veces de difícil acceso, lo que también forma parte de su encanto. El sitio más grande de Belice es Caracol, al que se accede tras atravesar la reserva de coníferas de Mountain Pine Ridge y luego una densa selva tropical.
Belice también ha sabido poner en valor su patrimonio natural y el ecoturismo se ha convertido en un sector económico muy importante para el país: ríos y cuevas sagradas donde los mayas realizaban misteriosos rituales, santuarios de animales tropicales, reservas de selva tropical, sin olvidar los 250 km de playas de arena clara y palmeras, y en el mar, cientos de pequeñas islas (los cayos) que emergen de la segunda barrera de coral más grande del mundo.